por El Ardid
Financiera para el Bienestar (Finabien) suma otro golpe a su red de atención en 2025: redujo el horario de servicio en 30 sucursales del país, afectando directamente a miles de personas que dependen de estos puntos para operaciones básicas como remesas, pagos de programas sociales o ahorro.
La institución justifica la medida bajo el argumento de que “después de las 6 de la tarde ya no hay servicio”. Sin embargo, la decisión ha generado críticas tanto de usuarios como de trabajadores, pues en muchas sucursales existían dos turnos de seis horas que ahora se verán forzados a empalmar, provocando saturación de personal y riesgos operativos.

Además, no queda claro por qué la institución no refuerza las sucursales con mayor promoción de sus amplios horarios, en lugar de limitar el servicio. Se busca supuestamente más productividad, pero no se valora la ventaja competitiva que implicarían horarios extendidos frente a la competencia, tanto en el pago de servicios como en la oferta de productos bancarios.
En el caso de la sucursal Gustavo A. Madero, por ejemplo, los dos turnos coexistirán en instalaciones insuficientes para atender con orden y seguridad. Esta oficina, de por sí una de las menos productivas y con sobrecupo de personal, ha despertado dudas: ¿se planea también reducir la plantilla, considerando que ahí laboran personas cercanas al representante sindical de la Ciudad de México, Daniel Valdez —como su hija—, o se trata de una estrategia para mantenerlos en privilegios y sin mayores obligaciones?

Las 30 sucursales con horario reducido son:24012, 09086, 09084, 09005, 09010, 27025, 27033, 21047, 28029, 05038, 05030, 05026, 13030, 12060, 40007, 26031, 26085, 29006, 16003, 16025, 16020, 20125, 20058, 30136, 30086, 30074, 30045, 19020, 19009, 19005 y 05035.
Cierres previos agravan la situaciónEsta reducción de horarios llega cuando la red ya estaba debilitada. Entre septiembre y diciembre de 2024, Finabien cerró 18 sucursales, y en lo que va de 2025 suman otras 22 bajas definitivas, dejando la red por debajo de las 1,700 oficinas que el discurso oficial sigue pregonando.
Las razones detrás de estos cierres van desde la falta de titulares en sucursales, cierres prolongados sin justificación clara, hasta criterios de productividad poco transparentes.
La incertidumbre también alcanza al personal de las sucursales que ya fueron cerradas y de aquellas que podrían cerrar próximamente. ¿Qué pasará con estos trabajadores? Hasta ahora no existe claridad sobre su reubicación, indemnización o reinserción en otras oficinas, dejando a decenas de empleados en un limbo laboral.
Tampoco está claro qué ocurrirá con el personal de base que, debido a la reducción de horarios, será removido o concentrado en menos sucursales. ¿Se trata de una estrategia para forzar recortes de personal sin declararlo abiertamente? En este contexto, el papel del sindicato resulta crucial: debería defender los derechos de estos trabajadores, garantizar condiciones dignas y exigir certeza sobre su futuro laboral ante una institución que parece más interesada en recortar que en sostener su propia red de atención.

Por si fuera poco, muchas sucursales en operación presentan condiciones deplorables: sin mobiliario básico, sin baños, sin aire acondicionado, y con carencias en insumos esenciales. Trabajadores denuncian que, pese a generar ingresos relevantes para la institución, el presupuesto para mantenimiento sigue sin llegar.Lejos de fortalecer la inclusión financiera, estos recortes y cierres profundizan la precariedad laboral y limitan el acceso de la población más vulnerable a servicios financieros básicos. La incertidumbre crece también entre el personal, que no tiene garantía de reubicación ni certeza sobre su estabilidad laboral.