Del sindicalismo combativo al nepotismo institucionalizado: ¿para qué sirven las cuotas sindicales en Financiera para el Bienestar?

Menos cobertura, más simulación: el cierre de sucursales bajo Morena

Por El Ardid

Lo que alguna vez fue una organización nacional con historia de lucha sindical, se ha transformado en una estructura de intereses familiares y silencios convenientes. El Sindicato Único Nacional de Trabajadores de Telecomunicaciones de México, ahora presente en Financiera para el Bienestar, parece haber dejado atrás su esencia combativa para convertirse en una red de favores y complicidades.

La presencia de Iztacihuatl, Efraín e Indira Ancona García, hijos del exdirigente sindical Efraín Ancona Sansores (DEP), es un ejemplo claro del nepotismo que hoy impera en el sindicato. Aunque Indira funge como representante en Quintana Roo, su caso, como el de sus hermanos, ilustra una dinámica en la que los lazos de sangre pesan más que el mérito o la representatividad. Son parte de una lista más amplia de comisionados sindicales que, mientras gozan de sueldos altos, licencias con goce de sueldo y están adscritos a áreas centrales como la Gerencia de Nómina y Análisis Presupuestal en CDMX, residen y viven en otros estados, en una condición que muchos trabajadores califican de aviadores.

Lo más alarmante es que muchos de estos comisionados jamás han pisado una sucursal telegráfica. En varios casos, como el de los hijos de representantes sindicales, desde su ingreso al organismo nunca se presentaron a laborar en una plaza operativa, sino que saltaron directamente a ser parte de la organización sindical, sin experiencia previa ni contacto con la realidad de los centros de trabajo.

Pero las contradicciones no terminan ahí. Mientras los trabajadores en las sucursales exigen apoyo ante deficiencias en los centros de trabajo, prestaciones no pagadas o faltas de insumos, las respuestas del sindicato suelen alinearse con el discurso de la administración: “la situación financiera del organismo es complicada”, “no hay presupuesto”, “no se puede hacer más”.

En lugar de defender los derechos laborales, el sindicato se ha convertido en justificador de las injusticias del patrón, desdibujando su razón de existir. Esto ha generado un creciente malestar entre las y los trabajadores, que se preguntan para qué sirve pagar cuotas sindicales si, a cambio, solo reciben silencio, complicidad y privilegios para unos cuantos.

El descontento también se extiende al personal operativo. Por ejemplo, en la sucursal Gustavo A. Madero, una de las menos productivas y con exceso de personal, una de las hijas de Jesús Daniel Valdés, actual representante sindical en la Ciudad de México, se beneficia de una posición privilegiada: faltas que le son justificadas fuera del reglamento y trato preferencial, mientras a otros compañeros se les sanciona por situaciones similares.

La historia del sindicalismo telegrafista se construyó con esfuerzo y sacrificio de líderes que defendieron verdaderamente a la clase trabajadora. Hoy, esa historia se ve opacada por prácticas que reproducen los peores vicios del poder: herencias familiares, simulación y olvido de las bases.

Por otro lado unque en los anuncios oficiales se insiste en que Financiera para el Bienestar cuenta con 1,700 sucursales, los datos oficiales dicen otra cosa. Según cifras obtenidas a través de la Plataforma Nacional de Transparencia, en 2018 —año de la llegada de Morena al poder— existían 1,764 sucursales operando en todo el país. Para septiembre de 2024, esa cifra se redujo a 1,671, lo que evidencia una disminución real de la cobertura nacional.

El responsable directo de este declive es Edgar Horacio Esquivel Martínez, actual Director de la Red de Sucursales y porsupuesto la Directora General, Maria del Rocio Mejia Flores. Su gestión ha estado marcada por el cierre paulatino de puntos de atención, la falta de insumos básicos, la deficiencia en equipos de trabajo y el deterioro general de las condiciones laborales para el personal operativo.

A ello se suman decisiones autoritarias como el despido del exgerente estatal de la Ciudad de México, Alejandro Crisóstomo, y de su equipo. Aunque existen rumores de que Esquivel Martínez podría perder su cargo con el arribo de una nueva administración en áreas centrales, el daño a la red de atención ya está hecho.

Lejos de expandir el servicio financiero público, la realidad muestra una contracción en la cobertura territorial, que contradice los discursos triunfalistas del gobierno y de la dirección general del organismo. Todo ello, mientras el sindicato guarda silencio.