La revisión de los tabuladores salariales revela sueldos insuficientes para la mayoría del personal operativo y la inexistencia de la zona económica 1.
El organismo mantiene sueldos altos para mandos y privilegios para familiares de líderes sindicales que ni siquiera asisten a trabajar.
por El Ardid
La reciente revisión de los tabuladores salariales de Financiera para el Bienestar (Finabien) ha puesto en evidencia no solo las profundas desigualdades entre el personal operativo y los mandos superiores, sino también las graves deficiencias presupuestarias que enfrenta el organismo y la falta de acción del sindicato nacional que debería representar los intereses de sus trabajadores.
Uno de los problemas más visibles en los tabuladores es la inexistencia de una Zona Económica I, a pesar de que hay trabajadores adscritos en la Ciudad de México y otras zonas metropolitanas con alto costo de vida. En contraste, los tabuladores operativos muestran niveles salariales que apenas superan los \$6,000 mensuales como sueldo base, con compensaciones que no logran cerrar la brecha entre regiones. Esto, a pesar de que la Ley Federal de Remuneraciones de los Servidores Públicos y los Lineamientos de la SHCP establecen que deben considerarse las condiciones de vida locales al fijar los sueldos.

Mientras tanto, los mandos medios y superiores de Finabien reciben percepciones totales que pueden superar los \$100,000 mensuales, incluso en el contexto de una declarada insuficiencia presupuestaria. En lugar de aplicar una reducción proporcional a los altos niveles, como lo exige el principio de austeridad republicana, se ha mantenido intacta la «compensación garantizada» para estos funcionarios, lo que contradice los discursos de contención del gasto.

Tal es el caso de la Directora general de Finabien, Maria del Rocio Mejia Flores o el Director de la Red de Sucursales, Edgar Horacio Esquivel con sueldos absurdamente altos.
Pero cuando se trata de prestaciones como el recargo de servicio, la prima de antigüedad, los eventos del Día del Niño o el pago anticipado del aguinaldo para el Buen Fin, el argumento de “no hay presupuesto” —alimentado por el propio sindicato mayoritario— es el único y aparentemente irrefutable. ¿No que la “izquierda” que respalda a la Directora, y gracias a la cual ocupa su puesto, sostiene que las escaleras se barren de arriba hacia abajo?

Este desequilibrio se vuelve más notorio al contrastarlo con las acciones tomadas por otras dependencias como el ISSSTE. En los últimos meses, el Instituto reniveló salarios para más de 1,200 trabajadores sociales (con incrementos de hasta 16%),y extendió la jornada laboral de personal médico a ocho horas con su correspondiente aumento salarial. El INEGI también revisó su tabulador 2024 con aumentos retroactivos desde enero.
En contraste, en Financiera para el Bienestar, no hay evidencia de que el Sindicato Nacional de Trabajadores en manos de Eutimio Álvarez Ramos haya promovido alguna acción concreta para exigir una actualización de tabuladores, corrección de zonas económicas, o renivelaciones justas. Su silencio ha normalizado la precarización de los trabajadores operativos y ha sido funcional para la alta dirección, que sigue percibiendo sueldos elevados sin rendir cuentas por los resultados ni por el deterioro del servicio.
Entre los tabuladores de base figuran los puestos con mejores remuneraciones que ocupan la mayoría de miembros del sindicato, así como sus hijos. Se ha documentado que tres hijos de uno de los líderes sindicales ostentan estos cargos, pero jamás se han presentado a laborar en el organismo. Forman parte del Comité Ejecutivo Nacional y gozan de licencias sindicales desde su ingreso, aunque ni siquiera realizan tareas gremiales, ya que residen en otros estados mientras el comité se encuentra formalmente en la Ciudad de México.

De igual forma, muchos hijos de dirigentes sindicales con estatus de presuntos aviadores están adscritos a la Gerencia de Nóminas y Análisis de Presupuesto en oficinas centrales pero como ya se mencionó radican en otros estados de la república lo que alimenta las sospechas de que jamás se presentaron a laborar. Un caso particularmente cuestionable es el de dos hijos del difunto Efraín Ancona Sansores, quienes figuran como personal asignado a dicha gerencia de áreas centrales en CDMX a pesar de radicar en Quintana Roo.

¿Los líderes sindicales serían capaces de tener a sus hijos ganando los sueldos de los tabuladores más bajos, en zonas económicas de alto nivel de vida y con las condiciones y tratos que reciben los trabajadores de las sucursales?
La respuesta parece obvia: no, pues si tuvieran que presentarse a laborar no les convendría pues los salarios son precarios y las condiciones laborales deplorables. Esta negativa explica mucho sobre la falta de voluntad sindical para transformar la realidad que padecen sus representados. La disparidad entre los discursos de lucha y los privilegios heredados dentro del mismo gremio revela una estructura vertical, más interesada en conservar beneficios familiares que en mejorar las condiciones laborales del grueso del personal, pero claro, no pueden presionar a la autoridad sin que ponga en riesgo los privilegios que gozan los junior`s de los dirigentes sindicales. Sin una renovación ética y una fiscalización real del ejercicio sindical, las bases continuarán siendo las más afectadas de un sistema que se dice transformador, pero que perpetúa los viejos vicios del clientelismo y el nepotismo.